Historia del gato de Exeter

No se trata de una raza felina moderna ni de un registro genealógico reconocido por asociaciones como la FIFE o la TICA. El «gato de Exeter» es algo mucho más especial: la evidencia histórica más antigua de un gato como empleado oficial, con nómina incluida. En 1484, la Catedral de Exeter en Inglaterra ya pagaba salario a su felino cazador de ratas.

El gato más antiguo con contrato de trabajo

Mientras que otras civilizaciones honraban a los gatos como deidades, la Inglaterra medieval hizo algo igualmente revolucionario: les pagó por trabajar. Los archivos de la Catedral de Exeter revelan que desde 1484 existía un gato oficial cuya misión era proteger el mecanismo del reloj astronómico de la catedral. Las ratas no solo eran plagas; royendo las cuerdas del reloj, impedían que este funcionara correctamente.

Los registros muestran claramente que este gato no era mascota, sino empleado municipal. Cobraba un penique a la semana, una cantidad modesta pero verificable en documentos que se conservan hasta hoy. El gato de Exeter no fue un caso aislado: otros felinos históricos ganaban sustento en monasterios y catedrales británicas, pero este es el primero del que tenemos constancia escrita y datada con precisión.

Salario medieval verificado

En 2013 se encontró y confirmó un registro del siglo XV que mostraba los pagos regulares al gato de Exeter. No era una anécdota folclórica, sino un asiento contable real en los libros de la catedral.

La gatera más antigua de Europa con documentación

Para que el gato pudiera cumplir su función, la Catedral de Exeter necesitaba una solución práctica. Se instaló un agujero especial en la puerta principal que permitía al felino entrar y salir libremente para cazar y patrullar las zonas donde anidaban las ratas.

En 1598, más de cien años después de los primeros registros, el obispo Cotton llegó a la catedral y decidió mejorar este sistema. Pagó ocho peniques a un carpintero para fabricar una gatera más robusta y funcional. Esta intervención quedó documentada, confirmando que la catedral seguía invirtiendo en la infraestructura felina. La gatera de Exeter es la más antigua de Europa con constancia escrita, un registro invaluable para historiadores de la arquitectura y la vida medieval.

¿Existió realmente el gato Stapledon?

Los archivos históricos mencionan al «gato Stapledon» como uno de los felinos que utilizaba la gatera de Exeter en épocas posteriores. Aunque su nombre ha perdurado en algunos relatos, los detalles biográficos específicos son limitados. Lo que sí sabemos es que la gatera continuó siendo funcional durante siglos, pasando de generación en generación de gatos, cada uno heredando el territorio y la responsabilidad del anterior.

El nombre «Stapledon» podría referirse a un período concreto o a un gato especialmente notable, pero la documentación disponible no ofrece detalles exhaustivos sobre su vida individual. Lo importante es que simboliza la continuidad de una práctica laboral única: gatos viviendo como empleados oficiales dentro de una institución religiosa durante generaciones.

Cómo funcionaba el control de plagas en la Edad Media

Antes de que existieran trampas modernas o venenos, los gatos eran la única solución efectiva y sostenible contra las plagas de roedores. En una catedral con un mecanismo complejo como el reloj astronómico, una infestación podía ser catastrófica. Los gatos no solo cazaban: su mera presencia disuadía a los roedores de acercarse a las zonas protegidas.

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    Reclutamiento del felino. Se buscaba un gato joven, ágil y con buen instinto de caza. No había selectividad de raza porque las razas puras no existían aún; se trataba de gatos comunes, mestizos y callejeros.
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    Instalación de acceso seguro. Se abría una gatera en la puerta o muro para que el gato pudiera moverse sin obstáculos entre el interior de la catedral y el exterior, donde cazaba.
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    Provisión de alimentos básicos. Además de lo que cazara, el gato recibía un salario en especie o efectivo que permitía comprar comida, asegurando que nunca estaría demasiado hambriento para trabajar.
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    Monitoreo del mecanismo del reloj. Los encargados del reloj astronómico supervisaban que las cuerdas y engranajes se mantuvieran libres de roedores, certificando que el gato cumplía su función.

Gatos en monumentos europeos: una costumbre más extendida de lo que parece

Iglesias, monasterios y castillos de toda Europa empleaban gatos para proteger sus espacios de las plagas. Exeter no fue la única institución en hacerlo. Lo excepcional de este caso es la documentación detallada que ha pervivido, permitiéndonos reconstruir un sistema de trabajo que otros lugares practicaban en silencio.

En Francia, España e Italia existieron gatos en catedrales y conventos con funciones similares. Algunos registros eclesiásticos mencionan «gatos del templo» o «custodios felinos», aunque raramente con tanta precisión como los británicos. La meticulosidad administrativa inglesa fue, casi con toda probabilidad, la clave para que el gato de Exeter pasara a la historia.

Por qué este gato importa en la historia moderna

En el contexto de gatos célebres, el gato de Exeter ocupa un lugar singular. No es tan reconocido como otros felinos históricos —el gato de Hemingway o los siameses de la realeza tailandesa, por ejemplo— pero su importancia es más profunda. Representa la primera prueba documental de un gato como trabajador con derechos laborales reconocidos.

Ha sido objeto de estudios históricos, artículos académicos y menciones en libros sobre la vida medieval británica. Es un símbolo de cómo humanos y felinos hemos colaborado mucho antes de que existiera el concepto moderno de «mascota». Su gatera es un monumento a esa relación práctica y mutua.

Visitando la Catedral de Exeter: donde la historia gatuna sigue viva

La Catedral de Exeter sigue siendo uno de los monumentos góticos más impresionantes de Inglaterra. La gatera histórica es visible, aunque discreta, en la puerta donde fue instalada hace siglos. No todos los visitantes reparan en ese pequeño agujero que cambió la forma en que pensamos sobre gatos y trabajo.

La catedral ha mantenido viva la tradición: aún hay gatos que viven en sus dependencias, aunque ahora son más compañeros que empleados pagados. Los registros originales del siglo XV se conservan en los archivos eclesiásticos, accesibles para investigadores que quieran profundizar en esta intersección entre historia felina y medieval británica.

  • Entrada libre para visitar el exterior y la zona de la gatera histórica
  • Los archivos eclesiásticos requieren solicitud previa para consulta
  • El reloj astronómico sigue funcionando y puede verse durante las visitas
  • La catedral organiza ocasionalmente visitas guiadas temáticas sobre su historia